La limosna para el que la da

 

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Cuando hablamos de limosna resulta muy natural en el que la recibe: le servirá para atenuar un poco (o resolver) alguna necesidad o carencia material que tenga presente. Incluso puede haber ocasiones en las que el receptor no sepa valorar lo que recibe. Sin embargo, también es común olvidar el papel de la limosna para quien la entrega. ¿Cuáles son los efectos de la limosna en su autor?

Desapego y austeridad

Por supuesto que puede haber una gran variedad de efectos, pero me concentraré en dos por ahora: el fortalecimiento del desapego y el crecimiento en la austeridad.

Nos implica cierto esfuerzo desprendernos de nuestras pertenencias. Y cuando nuestro apego aún es fuerte, pasamos además por una especie de luto o sensación de pérdida. Pero con la repetición podemos fortalecer nuestra resistencia tanto a la donación como al dolor posterior. Más aún: templamos nuestro temperamento para sostener nuestra paz y alegría aún cuando se deterioran o perdemos nuestros bienes materiales. Es decir, nos volvemos capaces de ser felices aún en medio de las crisis.

Nuestra primera motivación por dar una limosna puede ser la intención de ayudar a alguien que padece una carencia. Y una vez que tenemos contacto directo con carencias reales podemos distinguir cuáles de nuestras necesidades son ficticias. Sabremos que nuestras riquezas encuentran una finalidad más noble en la restauración social mediante la caridad, ya sea dentro de la casa como en la calle.

Y uno más

Hay una tercera implicación de las limosnas. Pero la he querido poner al final porque habla de Dios. Y sé que muchos hoy son prácticamente alérgicos al tema. Así que, si es tu caso, puedes terminar tu lectura aquí. O quizá sí creas. O quizá eres curioso: ¡bienvenido!

Con la limosna crece nuestra confianza y entrega a Dios. Es decir, nos confiamos de su buena voluntad. Es como volver a ser niño: volvemos a ser felices y despreocupados porque vivimos confiados de la buena voluntad de nuestro Padre Bueno. Imagínate, si nosotros que somos malos sabemos darles cosas buenas a los niños ¿cuánto más no será bueno nuestro Padre con nosotros?

¿Quisieras ser capaz de dar la vida por amor? ¿Quisieras ser reflejo de ese amor incondicional que Dios nos tiene? La limosna es un buen primer paso. Sobre todo cuando trascendemos la barrera de dar lo que nos sobra: cuando damos de lo que queremos y necesitamos.

Por eso la limosna de la viuda del Evangelio de hoy (Marcos 12, 38-44) es tan agradable para Jesús. La cantidad es pequeña. Pero habiendo entregado todo lo que tenía para su sustento manifestó una confianza enorme en Dios, gratuita, generosa, solidaria, sencilla. Ha encomendado su ser en sus manos.

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