El bloqueo del escritor perfeccionista

Photo by Miguel Á. Padriñán on Pexels.com

Quizá te pase frecuentemente que, llegas a tu escritorio muy inspirado con una idea brillante en la cabeza. Le quieres compartir esa idea al mundo: vas a escribir sobre ella. Seguramente será de mucho agrado o utilidad a esas personas que están atentas a lo que dices. Sacas rápidamente una hoja en blanco (o tu editor de texto en la computadora o en el celular) y empiezas a escribir. Pero conforme pasa el tiempo te das cuenta que no llegas a ningún lado: la hoja sigue en blanco, o no te convence lo que has escrito. Y entonces la enmienda de comunicar tu idea se ve interrumpida por un problema que muchos escritores llaman: el bloqueo del escritor. A mi también me ha pasado, y he podido salir de él. Aquí te comparto una de las formas en que lo he hecho.

Para superar el bloqueo del escritor primero debo esclarecer cuál es la causa. Es decir, enumerar las razones por las que he dejado de escribir de forma específica (en vez de utilizar el apodo genérico de bloqueo del escritor). Por ejemplo, puede que descubra que aquello que me frena la escritura sea realmente temor a la imperfección, desconocimiento del tema, falta de vocabulario. Los problemas abstractos tienen soluciones abstractas, y los problemas concretos tienen soluciones concretas: ¿porqué he dejado de escribir?.

Uno de los problemas que más me bloquean para escribir es anhelar un texto perfecto. Suele pasar que, incluso cuando estoy más motivado o cuando tengo las mejores ideas en la cabeza, empiezo a escribir ese artículo y de repente me detengo en seco para revisar mi progreso. Entonces me doy cuenta que no he introducido el tema de una forma amistosa para la audiencia, que los párrafos podrían tener más consistencia, que la variedad de mi léxico hace la lectura un poco aburrida, etcétera. Y después, me doy mi propio golpe de gracia comenzando a corregir el trabajo que ya llevaba hecho: borrando por aquí, añadiendo por allá. Y lo mismo vuelve a pasar con la segunda revisada.

Para evitar este tipo de bloqueo, pongo mi mente en dos estados distintos: el escritor creativo y el editor estricto. En orden, y de forma separada: nunca revueltos, de forma simultánea. Cuando me pongo el sombrero del escritor creativo, entonces escribo sin parar todas las ideas como van saliendo de mi cabeza. En ese momento me importa poco la estructura, la presentación, y demás buenas prácticas de una buena redacción. Habiendo terminado el bosquejo, puedo ahora entrar en el rol del editor estricto. Como editor estricto selecciono contenido, lo clasifico en sus partes, le doy estructura, lo corrijo, etcétera.

La principal desventaja de jugar ambos roles a la vez es que el trabajo de uno suele estropear el trabajo del otro. Cuando el editor estricto termina de hacer sus cambios y entra el escritor creativo de vuelta, corro el riesgo de que el editor tenga que modificar todo el trabajo (y no solo aquello que fue añadido al final). Y cuando el escritor creativo termina de añadir sus ideas frescas y regresa el editor estricto, este último encuentra un desastre que hay que limpiar de nuevo. Así entonces, hay que mantener ambos roles separados.

He visto que aspirar al texto perfecto detiene a muchos escritores, e incluso acaba completamente con su inspiración para escribir. Quise escribir este pequeño texto dedicado a ellos para darles una esperanza y vuelvan a encarar su hoja en blanco y expresen lo que tienen que decirle al mundo. ¡Espero les sirva como a mi me sirvió cuando me compartieron estos consejos!

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