¡Guácala la vanagloria!

Después de un poco de reflexión, encontré que quizá mis publicaciones anteriores (especialmente las expresiones de caridad, paz y compasión) podrían ser leídas como una búsqueda de reconocimiento propio. ¡Nada más lejos que eso! De hecho, mi preocupación porque así se entienda es tan grande que he decidido aclararlo por este mismo medio.

Estos testimonios buscan ser una fuente de inspiración para aquellos que quieren ser fuentes de alegría y paz en el contexto en el que se encuentran. Y pensé que con ejemplos concretos podrían surgir formas sencillas pero originales de llegar a esa meta.

Estamos tan expuestos a problemas macroscópicos como las guerras, las crisis económicas, los conflictos políticos y otros más en los que no tenemos gran injerencia como individuos. Ante semejante contexto he encontrado que una respuesta común es la queja constante y la parálisis ante el temor de fracasar en la misión de hacer el mundo un poco mejor.

Todos los días se nos presentan oportunidades para cambiar el mundo. A veces consisten en compartir la sonrisa, a veces en escuchar a un amigo, en darle de comer a un indigente, hacerle el desayuno a tu pareja, recoger basura en el parque, etcétera. Y los testimonios que comparto son una forma de exhortación a permanecer despiertos y atentos ante todas esas oportunidades. Son una invitación a formar un equipo en el que todos transformamos el mundo en busca de una vida más digna y dichosa para todos, empezando por los que más necesitan de nosotros.

Aclarado esto, no queda más que seguir adelante: ¡Cambiemos el mundo, equipo!