¿Qué espero del matrimonio?

dsc08132-editPasan los años y muchos de mis amigos se empiezan a casar. Algunos disfrutan de un matrimonio feliz. Y otros extrañan entrañablemente su soltería. Queda claro que un matrimonio feliz no “sucede”, sino que se “construye”.

Así que me dediqué un rato a leer artículos, escuchar testimonios, y reflexionar sobre el tema. Y en esas reflexiones me preguntaba ¿qué espero del matrimonio? Y decidí documentar la respuesta que encontré: diferencias, discusiones, y enfermedades.

Diferencias

Sería fantasioso y aburrido pensar que somos iguales: fuimos educados con valores distintos, tenemos profesiones muy diferentes (médica e ingeniero), a ella le gusta la playa y a mi el bosque, a ella le gusta el calor y a mi el frío. ¡Y aún falta mucho más qué descubrir! Entonces aceptar las diferencias resulta realista y retador.

Quiero amarla como es. Y ser testigo de estas diferencias es un viaje con montes y valles en el que voy aprendiendo cómo amar hasta los más finos componentes de su persona. ¿porqué le gusta algo? ¿porqué hará esto otro frecuentemente? ¿qué pensará cuando hace eso?

Discusiones

Las discusiones no las quiero. Pero sé que sucederán. A veces serán sobre temas sencillos que podrán resolverse con un diálogo y buena disposición. Otras veces serán temas más complejos que requieran dedicar tiempo y atención especiales. Y no pueden faltar esas discusiones que llegan hasta las altas horas de la noche: ¡incluso ya acostados en la cama!

En esas últimas se llega siempre al suspenso ¿resolveremos el problema, o nos dormiremos de espaldas? ¡Ya me preparo desde ahora! Quiero ser capaz de desprenderme de mi orgullo. Antes que el sueño nos robe la consciencia, quiero soltar una caricia gratuita acompañada de un “perdón”, y un “te amo”. No porque sea la solución mágica al problema o tratar de persuadir; sino porque quiero dejar claro que mi amor por ella es más grande que cualquier problema.

Enfermedades

Espero las enfermedades no con anhelo, sino con certeza. Uno quisiera que nunca se enfermaran sus seres queridos, ni enfermarse. Pero es una experiencia prácticamente garantizada en la vida humana. Porque cachamos un bicho en el trabajo, por el cambio de temporada, por un accidente, o por la vejez.

Con el matrimonio, a la certeza de la enfermedad se le complementa con la certeza de un amor cercano.

Cuando se enferme ella quiero ser un buen cuidador y acompañante. Quiero cuidar su descanso, llevarle de comer, llevarla a pasear (si se puede… o por travesura), platicar. No seré doctor para curarle su enfermedad física, pero quiero tener listo un abrazo por si llega el dolor, y un “aquí estoy contigo” por si llega el miedo. Y quiero hacer todo lo posible por pintar una sonrisa en su rostro.

¿Y si me enfermo yo? ¡Quiero ser un buen enfermo! Quiero mostrarme siempre alegre, dando lo mejor de mi para salir adelante. Que se note con creces lo agradecido que estoy por tenerla cerca. El dolor de a dos, es medio dolor. Y la alegría de a dos, es doble alegría.