Cambiando el mundo desde el trabajo

¿Te ha pasado que te metes en dilemas sobre el sentido de tu trabajo? Que aunque esté lleno de retos técnicos y méritos reconocidos, te empiezan a invadir preguntas sobre el sentido profundo de tu trabajo. Como por ejemplo: ¿cuál es mi contribución al mundo trabajando aquí? ¿tengo una contribución única y valiosa, o soy desechable y reemplazable? ¿quienes se benefician de mi trabajo? ¿quienes son perjudicados por mi trabajo? Y se te escapan las respuestas de muchas de esas preguntas.

Con frecuencia no soy testigo del resultado final de mi trabajo técnico como ingeniero. Regularmente, el departamento de ingeniería no tiene contacto con los clientes que consumen el producto; o con los inversionistas que financían el negocio. De hecho, en ocasiones el destino de mi trabajo ha sido confidencial y las normas han prohibido a mis superiores revelarme el paradero de mi trabajo. ¿Cómo se puede contribuir a la sociedad si el fruto de mi trabajo me es oscuro y desconocido?

En mi caso particular, me gusta ejercer esa contribución a la sociedad desde el pequeño contexto en el que estoy. Explico. A veces, gestos tan simples como saludar a la secretaria en la entrada, agradecer por los alimentos al cocinero, regalar algunas galletas a mis compañeros en la oficina, ya son una contribución a la vida de las personas que están cotidianamente en contacto conmigo.

Conforme me adentro en el contexto de mi trabajo, mi capacidad de contribución aumenta conforme me intereso por el contexto al que se enfrentan mis prójimos. Quizá la secretaria necesite un consejo para animar a su esposo. Quizá el cocinero necesite alguien que se siente a escucharlo para desahogar un disgusto. O quizá un compañero necesite ayuda con una tarea que le ha sido difícil.

Al final, todos ganamos. Esto corrobora aquello que ya había percibido en mis trabajos anteriores: el éxito laboral consiste en saberse un generoso contribuyente a la sociedad. Además, conforme pasa el tiempo, comienzo a notar que el germen de la alegría crece dentro de las personas con las que convivo. Y mejor aún: algunos de ellos han comenzado a replicar estas acciones generosas fuera del contexto laboral. Creo que es una forma de hacer el mundo un poco mejor.